Apego


El apego. Programados biológicamente

El apego es una vinculación afectiva que se desarrolla y consolida entre dos individuos, por medio de sus interacciones recíprocas. Es intensa, duradera y de carácter singular. Y su objetivo inmediato es la búsqueda y mantenimiento de proximidad en momentos de amenaza, ya que esto proporciona seguridad, consuelo y protección.

No se trata de un sentimiento inmaterial, sino de conductas observables que comienzan de manera refleja. 

Desde el punto de vista emocional, surge cuando se está seguro de que la otra persona estará ahí incondicionalmente. Así se facilita que aparezcan la empatía, la comunicación emocional y hasta el amor entre estas personas.

Desde el punto de vista cognitivo, supone la construcción de una imagen de como es el propio niño. Se trata de una construcción de un modelo mental de la relación de apego.

A menudo, acabamos haciendo a los demás lo mismo que hicieron con nosotros en algún momento.

La Teoría del Apego fué desarrollada por John Bowlby allá por los años 50. Nos enseña cómo los niños consiguen vincularse con sus figuras de apego (normalmente los padres) a través de diferentes estrategias que son desarrolladas por el niño. De este modo obtendrá reconocimiento, atención, cariño y protección de los adultos.

 

Cuando aparece el vínculo del apego ?

Si contabilizamos la fase de pre-apego, este vínculo surge durante las primeras seis semanas de vida. Desde el momento que es engendrado, el bebé establece un vínculo afectivo con su madre. Luego, por regla general, se incrementa y refuerza al nacer pues encuentra en esa la seguridad, el cariño y la protección que necesita.

En todo caso el vínculo de apego suele aparecer en torno al año y suele darse entre un niño o niña y sus progenitores/cuidadores. Existe la posibilidad de que la figura de apego cambie a lo largo de la vida.

Cada relación de apego tiene sus características específicas, dado que algunos factores como la edad o la interacción tienen mucha influencia. Estas relaciones son muy amplias, pero las más importantes son las de asegurar la supervivencia de la cría, darle seguridad, autoestima y la posibilidad de intimar, es decir, tener una comunicación emocional privilegiada, así como refugiarse en situaciones de angustia o confusión para sentirse seguro.

 

Biológicamente pre-programados

Para John Bowlby los niños vienen biológicamente preprogramados al mundo para formar vínculos con los demás con el objetivo de sobrevivir. Por lo tanto, creía que todas las conductas implicadas en la creación y conservación de este vínculo eran instintivas.

Los niños vienen biológicamente preprogramados al mundo para formar vínculos con los demás con el objetivo de sobrevivir.

En los dos primeros años de vida de un bebé es cuando mayor implicación tienen los patrones de apego entre él y sus cuidadores.

Si al menos uno de los progenitores responde a las necesidades del pequeño, éste tendrá mayores probabilidades de tener un desarrollo social y emocional óptimo.

Pero si ambos padres descuidan sus responsabilidades, ese niño sufrirá los efectos de este marco de crianza tan deficitario. No habrá proximidad, contacto y ese tipo de nutriente afectivo que alivia angustias, miedos e inseguridades.

 

Funciones del apego

La conducta de apego tiene dos funciones básicas y otras comlementarias.

Una función biológica, que es obtener protección para asegurar la supervivencia y la otra de carácter más psicológico, la de adquirir seguridad.

Las funciones complementarias son las siguientes:

  • Ofrecer y regular la estimulación en cantidad y calidad.
  • Posibilitar la exploración y el aprendizaje.
  • Fomentar la salud física y mental.
  • Favorecer el desarrollo social.
  • Proporcionar placer.

El modelo evolutivo de Bowlby contempla establece varias fases para la creación de este vínculo afectivo. Normalmente, estas fases son especialmente notables en las relaciones entre madre e hijo, aunque bien es cierto que en ocasiones este lazo también puede crearse entre un cuidador principal y el niños.

 

Apego infantil

Surge principalmente en interacción con la madre.

1. Seguro

Es el más habitual en la infancia.

El niño se mantiene junto a la madre. La ausencia o marcha de la figura de apego genera malestar y angustia, disminuyendo su actividad. Su vuelta es siempre bien recibida.

2. Ambivalente

Los niños con este tipo de apego suelen mantenerse cerca de la figura de apego en todo momento por inseguridad y su marcha genera un sufrimiento extremo. Su vuelta implica cierto rechazo y rencor ante lo que podrían llegar a considerar un abandono, aunque tienden a acercarse y buscar el contacto.

3. Evitativo

El niño tiende a no buscar seguridad y protección en la figura de apego. Cuando se va no suelen mostrar grandes niveles de sufrimiento o miedo. Además su retorno no resulta especialmente celebrado, existiendo cierto nivel de indiferencia o evitación del contacto con ella.

4. Desorganizado

Es una mezcla de los dos anteriores tipos de apego inseguro.

Es más habitual en situaciones de maltrato y violencia intrafamiliar.

La ausencia de la figura de apego resulta intranquilizadora, pero a su vez puede relajarse debido a ello. Asimismo su regreso puede ser recibido con miedo o con alegría pero sin buscar la cercanía. Pueden buscar una evitación activa del contacto, o ir manifestando patrones extraños o cambiantes dependiendo de la situación.

 

Apego en la adultez

A medida de que el niño va creciendo y volviéndose un adulto, el tipo de apego va generando un estilo de pensamiento y de relación interpersonal más o menos habitual.

1. Seguro

El el más habitual. No existe una preocupación frecuente por el abandono del entorno o por el excesivo compromiso.

En la interacción con los demás prevalece la comodidad, la tranquilidad y la confianza, siendo capaz de tener interacciones equivalentes con sus iguales y con otras figuras de apego. Se consideran merecedores de afecto y tienden a la calidez y estabilidad. La autoestima es buena, tienen independencia y buscan relaciones positivas.

2. Evitativo

Una persona con apego evitativo va a tender de adulto a tener dificultades a la hora de confiar en los demás y a sentirse incómodo en relaciones íntimas. Suelen ser menos sociables, aunque ello no implica que no puedan disfrutar de las relaciones. Pueden ser autorrepresivos, huidizos y aparentar frialdad.

3. Ambivalente

El adulto piensa que se es menos valorado de lo merecido. Las propias identidad y autoconcepto pueden estar dañadas, existiendo. Se desea una relación íntima y profunda, pero ello puede generar a su vez una cierta reticencia y miedo. Este apego genera situaciones de dependencia o codependencia, así como miedo al abandono.

 

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